Como en cualquier relación
entre personas, el tiempo y
la inercia pueden entorpecer
el entendimiento si no
se cuidan las cosas grandes y
los detalles pequeños. Si no
hay una evolución positiva,
es más que posible que se
resientan incluso los matrimonios
más estables. Por
eso, la relación médico-enfermero,
esencial en la buena
marcha de la sanidad, necesita
una revisión. El siglo
XXI ha llegado con novedades
y los papeles sanitarios
deben adaptarse cuanto antes
para que no se rompa el
equipo. Médicos y enfermeros
están condenados a entenderse,
pero seríamás grato
para ellos y para los pacientes
que esa condena fuera
lo más gustosa posible.
Para el médico que aspira
siempre a mejorar su trabajo,
quizás le sirva contemplar
cómo le ven los enfermeros
cuando le miran al
espejo. Con tanta franqueza
sólo es posible entender que
el juicio crítico es lo más
constructivo en una relación
laboral, aunque sea de hecho.
Pilar López es enfermera
de primaria en Ciudad Real.
Ella cree que la relación entre
ambas profesiones "depende
del día, pero en un
90 por ciento de los casos es
muy buena", sobre todo en el
primer nivel asistencial. Para
evitar roces puntuales,
propone que los médicos sepan
"valorar el trabajo de todos
losmiembros del equipo
y ayudar a enseñar al paciente
a confiar también en
la enfermería". Esta ciudadana
habitual de la Salud 2.0
considera que "en primaria
la relación es de igual a
igual, pero en los hospitales
el facultativo es el facultativo,
y gran parte de culpa de
esa situación la tenemos nosotros".
Coincide con este análisis
Serafín Fernández, enfermero
de hospital de Jaén.
En su opinión, "la relación
podríamos definirla como
buena en algunos lugares,
como primaria; difícil en
una unidad de atención hospitalaria,
e inexistente en los
quirófanos". Después de
años de experiencia laboral,
concreta algunas lagunas de
esta pareja tradicionalmente
bien avenida: falta de comunicación
entre los miembros
del equipo y falta de consideración
respecto del trabajo
que desempeñan los enfermeros.
Más claro, agua,
aunque, como apunta, revertir
esta situación "no es
sólo cuestión del médico".
Respeto y sintonía
Xosé Manuel Meijome trabaja
en atención hospitalaria
en Ponferrada (León). Él dibuja
la sintonía profesional
con porcentajes gráficos:
"Un 80 por ciento de las relaciones
no pasan de un mero
dar órdenes, demandar
información y solicitar la
realización de tareas de secretariado,
mientras que en
el 20 por ciento restante se
engloban tanto los auténticos
equipos multidisciplinares
como las actitudes despóticas
faltas de toda educación
y respeto al trabajo de
los demás". Y pone el dedo
en la llaga que más importa
a todos los profesionales sanitarios:
"Parece que no cuidamos/
tratamos a las mismas
personas ni trabajamos
en el mismo espacio". Según
él, cambiarían las cosas "con
la simple acción de exponer
con antelación el cronograma
de trabajo diario y escuchar
a los demás".
Soraya Cámara ejerce en
Burgos, también en el ámbito
hospitalario. Su experiencia
es que "la relación personal
es bastante buena. Por lo
menos podemos expresar
nuestro malestar con una
cierta libertad". Para ella lo
más penoso es que "adjuntos
jóvenes yMIR son los que se
creen que por ser médicos
tienen una secretaria particular.
Permanece la idea de
que les tenemos que imprimir
sus informes, tener sus
historias colocaditas, hablar
con secretarias, reclamar peticiones...".
Carmen García,
enfermera de La Rioja, dice
que "la horizontalidad es un
sueño que no se va a cumplir.
La dirección de los hospitales
es absolutamente
medicocéntrica y los enfermeros
son invisibles, algo
que consiente la dirección
de enfermería. La enfermera
es la que está al lado del
paciente y el médico aparece,
decide y se va y no establece
relación con él".
Rosa Rodríguez, de Cádiz,
ve que los enfermeros
no pueden ser "el pañuelo
de lágrimas del médico, o el
sparring de sus frustraciones",
para lo que apuesta por
aconsejar al galeno "que se
sienta como parte de un
grupo y no vea al resto como
a subordinados", algo para lo
que Carolina González, enfermera
hospitalaria de Valladolid,
propone que en la
agenda de trabajo de ambos
"se reserven 30 minutos diarios
para hablar de los pacientes",
lo cual serviría para
mejorar la implicación multidisciplinar.
Opinión valorada
Inés Bajo trabaja en primaria
en Madrid y su relación
con los médicos "es muy
buena. Se toman decisiones
en equipo, se habla de la
evolución de los pacientes,
se intenta llegar a un consenso...".
Sin embargo, también
ella echa en falta más
comunicación y que "no se
tome en cuenta mi opinión",
hasta el punto de que puedan
ponerse en duda algunos
aspectos de su labor
asistencial. En su opinión, el
médico "debería fiarse más
del criterio del personal de
enfermería". Noelia Redondo,
de Ciudad Real, también
se desenvuelve con satisfacción
en el primer nivel. El
problema más evidente en
su día a día con los médicos
son los derivados de las recetas
de tratamientos crónicos,
sobre todo "con los
cambios a genéricos que no
se explican bien al paciente".
Isabel Pérez ve en la edad
un condicionante: "Los médicos
mayores son más reacios
al trabajo en equipo y
los jóvenes te hacen más
partícipe". Esta enfermera
de Urgencias de Castellón
lamenta que haya galenos
"que no aceptan criterios
distintos. Que se den cuenta
de que esta profesión es imprescindible".
Los médicos y los enfermeros estamos condenados
a entendernos, aunque, sobre todo
en los hospitales, no siempre se consigue. El
médico no es consciente de lo que la enfermería
ha evolucionado en los últimos años y
no lleva bien que sus profesionales sean capaces
de tomar decisiones, de asumir nuevas
responsabilidades y de cuestionar algunas de
sus indicaciones. Lleva muy mal que haya dejado
de ser su asistente y le plantee dudas y
soluciones sobre el paciente que ambos
atienden. Le cuesta mucho admitir que pueda
ser falible, que su criterio no es el único
válido. Muchos médicos no terminan de entender
que somos profesiones complementarias
y que atendemos esferas distintas del
mismo paciente con áreas de interés compartidas.
Aunque enfermería tiene funciones colaborativas
que se generan de la interacción
médico-enfermero, desde hace tiempo también
realiza tareas completamente independientes.
Todo esto depende mucho del nivel asistencial
en el que se trabaje. En atención primaria
ha resultado más fácil la integración y
ha sido posible generar una visión integral y
compartida del paciente entre ambas profesiones.
En el nivel hospitalario las características
de esta relación necesaria son más precaria,
ya que la atención especializada se sigue considerando aún el
centro del sistema (nada más lejos de la realidad actual) y que todo debe
centrarse en torno a su actividad, desde los horarios, hasta que la
organización de las unidades deben planificarse en referencia a la comodidad
de los médicos del nivel, pasando por la priorización de las
tareas, aunque para la atención directa al paciente sólo usen una parte
mínima de su jornada laboral.
El médico, sobre todo el especialista hospitalario, no conoce (porque
no le ha interesado por la primera causa) cuál es la labor real de
enfermería y cómo ha evolucionado nuestra profesión en los últimos
30 años, desde aquella profesión formada por y para asistir al médico
hasta el momento actual con el nuevo grado. Son frecuentes los problemas
provocados por ambas causas: actitudes despóticas basadas en
la supuesta jerarquización que generan conflictos personales, disparidad
de criterios en situaciones de pacientes complejos (es frecuente
un conflicto en el orden de prioridades entre cuidar y curar), errores
en la tramitación de documentación e informes... En fin, todas las situaciones
posibles derivadas del choque entre la concepción del trabajo
jerarquizado y la del trabajo en equipo.
El médico debe comprender que el futuro de las dos profesiones debe
ir en paralelo. Ha de entender que no se podrá realizar una aceptable
atención al paciente común sin trabajo en equipo y funciones colaborativas.
Y lo primero que deberá hacer para esto es ser consciente de
que la relación médico-enfermero debe ser horizontal, de complementariedad
y de respeto mutuo. No pueden seguir considerándonos
como una profesión de segundo nivel, sino que tienen que ir más allá
y entender, sin miedos ni desasosiegos, cuál es la realidad de la enfermería
de este siglo: una profesión responsable, formada y capaz de
asumir responsabilidades y tomar decisiones compartidas.
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